Entrecruzados

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Nunca serás exactamente como eres en tu vida cotidiana y nunca podrás ser tan diferente a como eres en realidad.
Siempre debemos tener claro que detrás del avatar, en definitiva, solo hay otra persona manejándolo. En un juego inmersivo como este muchas veces perdemos esa óptica. Y comienzan los problemas.

Me resisto a llamar mi vida como “RL”. Emparentar la vida real (RL) con Second Life (SL) es el gran éxito de marketing que consiguieron sus creadores: hacerle creer a sus usuarios que en este entorno virtual se pude desarrollar otra vida.

Observo a mi hija de seis años jugar al Club Penguin o a Mundo Gaturro, dos entornos virtuales para niños, ella jamás pensaría que su avatar es ella misma en otra realidad. No entiendo muy bien que nos sucede a los adultos con Second Life. Nos cuesta tanto jugar en nuestras vidas cotidianas que entramos a Second Life a participar como adultos, olvidándonos del juego.

Los usuarios de entornos virtuales “juegan” para dejar un tiempo de lado sus problemas cotidianos. Se sumerjen en estos mundos donde encuentran igualdad, integración, comunidades, intereses comunes. La gente que no juega los ve como un montón de frikis que buscan el placer del vouyerismo legalmente.

Imagen: gracias a Koinup

 

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