Megaupload: se terminó la fiesta pirata

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Luego de varios años de investigación apresaron por pedido de los fiscales norteamericanos a la cúpula de Megaupload, un gigante de Internet.

De Napster a las Descargas Directas

La lucha de los propietarios de las obras protegidas por derechos de autor para evitar su difusión gratuita a través de Internet no es novedad. Con la explosión digital de los últimos años y el crecimiento de los hogares conectados creció un fenómeno -que si bien subyacía y era motivo de queja de las grandes empresas de entretenimiento- no llamaba la atención de la prensa desde los tiempos de la gran batalla que terminó legalmente con Napster, uno de los primeros programas de intercambio de archivos entre usuarios.

Napster en poco tiempo provocó furor y sumó millones de usuarios que compartían los archivos de sus propias computadoras a través de este programa. El sistema era simple: cuando un usuario realizaba una búsqueda el programa le mostraba todas las computadoras conectadas que guardaban ese archivo para descargarlo por partes. Napster obtuvo popularidad y luego una demanda millonaria por violación de los derechos de autor que la hizo desaparecer.

Pero desde el 2005 el problema era otro: florecieron sitios que ofrecían a usuarios alojar sus archivos de gran tamaño y obtener un enlace web para su descarga. Nació el concepto de “nube” (archivar documentos en servidores conectados) pero tras esa “nube” aparecieron las “descargas directas” (DD). Las DD se comenzaron a popularizar. Cualquiera podía subir un archivo y nadie preguntaba de qué se trataba: albumes de música, películas, videos caseros, fotografías y hasta material con pedofilia era alojado en miles de servidores. Uno de los que mejor servicio ofrecía era Megaupload.

Millonarios tras las nubes

Megaupload era una empresa que formalmente se constituyó en Hong Kong. Ofrecía a sus usuarios alojar sus grandes archivos en los cientos de servidores de gran velocidad que alquilaba a lo largo de todo el mundo. Cualquiera -sin necesidad de registrarse- podía descargar estos archivos. Existían dos categorías de usuarios: los gratuitos, con demoras entre descarga y descarga; y los usuarios pagos, con el beneficio de descargas ilimitadas.

Pero los creadores de Megaupload fueron más allá con su modelo de negocio: para incentivar el alojamiento se premiaba con puntos -que se podían cambiar por dinero- aquellas descargas populares. Y las descargas más populares siempre fueron la última película, el último juego o el último album musical de los más conocidos artistas. Para que este sistema funcionara como una verdadera industria del entretenimiento paralela se sumarían los sitios de enlaces o blogs ofreciendo los famosos links de DD de películas y series, como Fanático.

“Pero los creadores de Megaupload fueron más allá con su modelo de negocio: para incentivar el alojamiento se premiaba con puntos -que se podían cambiar por dinero- aquellas descargas populares.”

No era necesario mucho conocimiento, invirtiendo un poco de tiempo por día ya ponías en marcha tu propio negocio de descargas directas para ganar dinero. Solamente en Taringa! existían más de 72 millones de links hacia Megaupload, el 99% enlaces de material protegido por derechos de autor.

Los más emprendedores lanzaban sus propios sitios webs y contaban con otro beneficio económico: banners publicitarios y programas de publicidad como AdSense de Google sponsoreaban sus páginas con miles de visitas al día.

Mientras tanto, los fundadores de Megauload se hacían millonarios. Con muchísimo material alojado en sus servidores (se habla del 4% del contenido de Internet) el número de usuarios pagos crecía constantemente y recibían las millonarias ganancias también de los banners publicitarios.

El limpiavidrios y el FBI

Nunca había sido tan fácil acceder a películas y música para descargar en la red. Un usuario gratuito en Argentina podía descargar una película completa en una hora. Y luego copiarla a DVD. Inclusive venderla. La fiesta pirata estaba en su esplendor, pero fueron los mutantes de X Men quienes activaron la alarma en el FBI.

Gilberto Sánchez terminó su día laboral como limpiador de vidrios en 2009 y se retiró a su hogar. En la esquina de su apartamento en el Bronx compró una copia a un vendedor ambulante. La vio luego de la cena y decidió colgarla en la red en los servidores de Megaupload. Publicó los enlaces de descarga en varios sitios web y foros. La película era una copia sin terminar -de hecho le faltaban todos los efectos de post producción- de “X-Men Orígenes: Lobezno”, uno de los filmes más esperados del año. Faltaba un mes para su estreno oficial. Las descargas en Megaupload no pudieron frenarse. Cuando el FBI siguió los rastros de la subida llegó hasta Sánchez. Cientos de miles de copias del film sin terminar circulaban ahora por Internet, multiplicándose. El protagonista de la película, Hugh Jackman, afirmó que la filtración le había “partido el corazón”.

El caso de Gilberto Sánchez -finalmente condenado a un año en prisión efectiva y un año de arresto domiciliario- encendió la investigación sobre Megaupload. ¿Por qué había elegido Sánchez ese medio? ¿Qué incentivos le ofrecía?

Pay Pal y los servidores dentro de EE.UU.

Una pormenorizada investigación llevó al FBI a localizar a al menos siete ciudadanos estadounidenses que habían recibido dinero por publicar material muy buscado en la Red. Tres de ellos recibieron 2.700, 2.900 y 3.000 dólares respectivamente en 2009. El FBI vio un motivo para actuar, dado que los receptores eran norteamericanos y se les había pagado con una cuenta de PayPal, un servicio de transferencias financieras radicado en EE UU. Lo que faltaba era el material pirateado. Era necesario que las copias ilícitas de películas y canciones hubieran pasado por los servidores de los administradores, para poder presentar el caso como la persecución de una banda criminal.

Sus pesquisas les llevaron a unos 1.000 servidores de la empresa Carpathia Hosting, localizada en Dulles, Virginia. Allí, Megaupload tenía más de 25 millones de gigabytes para alojamiento de su material.

El 24 de Junio de 2010  Megaupload recibió una carta. No era una cualquiera. El FBI de EE.UU. le informaba que había detectado en sus servidores de Carpathia Hosting 39 películas protegidas por las leyes de propiedad intelectual, entre ellas “Matrix“, “Thor” y “Harry Potter“.

Era el primer anuncio, pero los gerentes del portal no actuaron con presteza. Recién el 18 de noviembre de 2011, más de un año después, 36 de las 39 copias ilícitas de películas aun se hallaban alojadas en los servidores. Se sentían intocables.

“El miedo vuelve a ser uno de los grandes aliados del Gobierno estadounidense y su poderosa industria del entretenimiento.”

Finalmente en enero -en medio de la ola de protestas hacia el proyecto de Ley SOPA– se libraron las órdenes de capturas internacionales, definiendo a los siete administradores de Megaupload como una banda criminal, y acusándolos de conspiración, fraude y lavado de dinero. Todos fueron detenidos. Megaupload fue cerrado, y el material alojado en sus servidores confiscado, aún el contenido privado que no se ofrecía para descargar.

Horas después los otros servicios similares como Filserve y Filesonic limitaron las descargas únicamente a los usuarios que las habían subido.

El miedo vuelve a ser uno de los grandes aliados del Gobierno estadounidense y su poderosa industria del entretenimiento.

Por primera vez, Estados Unidos ha convertido la persecución de las descargas de material ilegal en la Red en un asunto policial.
Y no necesitaron ninguna Ley SOPA para ello.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. robert dice:

    QUE estupidos q son esos maes son unos putos corruptos los del gobierno

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