Juntos

el

Acerco el auto a la salida, estiro el brazo y entrego la llave electrónica de la habitación. Sonrío pensando en la cara del conserje del hotel “estos están acostumbrados a todo”. Recuerdo una historia que me contara una mucama de hotel transitorio: -“Una vez encontramos muchos pelos ¡muchos! Parece que el tipo la había pelado ahí a la chica ..¿a quién se le ocurre ir a un hotel a pelar a la novia?”

Son las ocho de la noche. Me siento agotado.


-“mañana a la tarde quiero estar juntos” me dijo antes de salir.
-“no se si podré para mi esa hora es complicada”
– “querer es poder  ya encontrarás tu tiempo”

Y a la mañana desperté pensando en ella. Conecté mi pendrive y abrí nervioso la carpeta escondida entre miles de documentos:“Nive”.

Y ahí estaban las fotos. Imágenes de ensueño que me transportaban a esos momentos. Nuestros cuerpos, uno sobre el otro, invitaban a imaginar el contacto. En la primer imagen se veía cómo su espalda bajaba vertical y remataba en sus glúteos perfectos sobre mis piernas fuertes y varoniles. La siguiente fotografía era de frente: ella entreabría sus ojos y su boca húmeda y la maravillosa explosión de sus pechos, totalmente ofrecidos a mi deleite. La tercer foto parecía imposible de ser tomada: ella arqueaba todo el cuerpo sobre la cama y yo le sostenía por los tobillos en lo alto, mientras sumergía mi boca entre sus piernas.

Me sobresalté cuando alguien pasó detrás de mi silla y comprobé que mi entrepierna latía empujando una inocultable erección. “Hoy tengo que estar con ella”.


Entro a la habitación, son las seis de la tarde de esta primavera indecisa.

Nos miramos fijamente, estudiando el próximo movimiento buscando regalarnos el máximo placer. Cada ropa que desapare de su cuerpo me excita más y parece hacer explotar mi tórax. Por fin se acerca y me besa. Me dejo llevar: ella tiene el control.

Juega a la niña malcriada y con su acento extranjero le pone el ingrediente final a mi festín de sentidos.  Gime hacia adentro, como en suspiros cortados casi por pequeños gritos, hasta que recupera el oxígeno y me llama por mi nombre. Ese es el punto sin retorno, la línea de largada para lanzarme sin red hasta mi río abrazador de placer. Y como en un tobogán sin frenos caigo extasiado bañado en sudor y sal.

Luego un remanso. Su mano repite una caricia sobre mi cabeza y poco a poco voy recobrando la percepción del tiempo y el espacio. Aroma a sexo. Otra vez la deseo. Y otra vez se entrega a mi.

-“es la hora, tengo que salir”
-“qué maaal estaría así toda la noche, en nuestro mundo”
-“un sueño imposible amor”
-“quiero”
-“yo te quiero a ti”
-“malo”
-“tengo que salir tu sabes”
-“ok, te quiero”
-“yo tmb bye”


Por el parlante en el vidrio de la consejería la voz suena metálica:
-“Son $400 Pesos el turno señor”

-“…..”
-“Señor, el turno”
-“Ah! Si disculpe, ¿400 dijo?”

Entrego los 4 billetes. Se abre el portón del Hotel y antes de tomar la autovía acaricio la funda de la portátil enfriándose sobre el asiento del acompañanante.

-“Recién se fue uno que pagó por una habitación y estuvo solo todo el tiempo” le comenta como al pasar el conserje del hotel a un compañero.
-“Jajaj capaz la mina lo dejó plantado”


Conduzco ya por la autopista. Suena Coldplay. Mi mujer debe tener preparada la cena.

 

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